lunes, 24 de abril de 2017

Descubriendo Recópolis: una ciudad única entre visigodos, andalusíes y calatravos en Guadalajara

Hace unas semanas parte del equipo de Licencia Histórica estuvimos pasando unas breves vacaciones de Semana Santa en La Alcarria, comarca natural que ocupa gran parte de la provincia de Guadalajara y parte de la provincia de Cuenca y Madrid. En apenas hora y media en coche desde la capital del reino, pasando por unos pueblecitos de sorprendente gran belleza, nos plantamos en la comarca que tanto alabó Camilo José Cela en 1948.
Vistas de la Villa Ducal de Pastrana desde el Convento del Carmen (Archivo propio)
Poste señalizador (Archivo propio)
Tras alojarnos un par de noches en la Villa Ducal de Pastrana (lugar donde residieron los Príncipes de Éboli y la mística Santa Teresa se dejó caer en un par de ocasiones para fundar conventos del Carmelo), dedicamos más de medio día a visitar el Parque Arqueológico de Recópolis: un triple yacimiento a orillas del río Tajo que esconde una ciudad visigoda de nuevo cuño, una medina andalusí y un castillo calatravo.

La visita comenzó por un lugar de paso obligado como es el Centro de Interpretación del parque, donde dos amables informadoras nos trazaron el recorrido completo (alrededor de las 4-5 horas) a través de varias rutas guiadas: Camino Medioambiental, Castillo de Zorita de los Canes y Recópolis. En el Centro de Interpretación pudimos retener de forma amena, mediante varios recursos museísticos y de vídeo, la información necesaria para poder interpretar y comprender los distintos restos arqueológicos que posteriormente se visitarían.

Tras ello nos cargamos la mochila a la espalda para dirigirnos a pie por el Camino Medioambiental hacia nuestra primera visita guiada en el Castillo calatravo. La ruta es sencilla, no constando de ningún gran obstáculo o dificultad que impida hacer el camino con niños o mascotas.
Ruta del Camino Medioambiental con vistas de Zorita y su castillo (Archivo propio)
En poco más de media hora estábamos en el pueblecito de Zorita de los Canes, medina de origen musulmán levantada a partir de la piedra de la ciudad visigoda durante el siglo IX. La medina fue fundada por Muhammad I, el mismo emir cordobés que hizo lo propio con Mayrit (Madrid). El mismo Camino Medioambiental tiene trazas medievales de las huellas de los carros que se utilizaron para transportar la piedra del yacimiento hasta la nueva ciudad.

Aquí os dejamos varias fotos del impresionante Castillo medieval (que pasó de Alcazaba islámica a Fortaleza de la Orden de Calatrava, entre los siglos XII y XIII), para que os pique un poco el gusanillo de pasaros a disfrutarlo en directo. Un edificio ya de por sí enorme, y del que quedan zonas aún sin excavar para las cuales aún no se han conseguido permisos.
Camino-pasarela por donde acceder al Castillo desde el pueblo de Zorita (Archivo propio)
Soporte de piedra arenisca donde se alza el Castillo (Archivo propio)

Puerta de entrada principal, con arcos gótico y de herradura (Archivo propio)
Patio central del Castillo, con sarcófago calatravo de piedra en localización no original (Archivo propio)
Una de las troneras o saeteras del Castillo (Archivo propio)
¡Nos atacan! Paisaje desde una de las torres del Castillo (Archivo propio)
Espolón lateral del Castillo, levantado en el XVI para el uso de artillería (Archivo propio)
Interior de la Iglesia principal (Archivo propio)
Sillares de piedra con sus correspondientes marcas de cantero (Archivo propio)
Capitel procedente del yacimiento visigodo y nueva reutilización (Archivo propio)
Cripta subterránea excavada en piedra (Archivo propio)
Soportales góticos, añadidos para sujetar la torre principal de la Alcazaba islámica (Archivo propio)
Vistas desde el lado posterior (Archivo propio)
Visto el Castillo, cogimos el coche y nos dimos media vuelta para entrar a la visita al yacimiento de la ciudad visigoda en sí. Allí nos recibió otra de las dos guías y emprendimos la subida a pie hacia Recópolis. Esta ciudad es única en Europa tanto por sus dimensiones (actualmente sólo está excavada en un 10-12% aproximadamente), como por ser la única conocida de nueva planta levantada por los visigodos. Fue mandada construir por el rey Leovigildo en el año 578 para conmemorar la consolidación del poder real en la Península Ibérica y el estado conocido como Reino Visigodo de Toledo. Se le dio el nombre de Recópolis en honor de su hijo y futuro rey, llamado Recaredo.

Recópolis es todo un ejemplo de planificación urbanística. Su ubicación responde a un plan meramente estratégico para controlar el territorio y sus distintos recursos. Desde Recópolis se dominan cuatro importantes vías de comunicación: tres valles y un río, el Tajo, que en aquella época era navegable. La ciudad se organiza mediante dos calles principales de inspiración romana que se cortan la una a la otra. Recorriendo una de ellas conocemos las tiendas con sus talleres artesanales, donde se elaboraba la más fina orfebrería de oro, así como delicadas piezas de vidrio. Más adelante, a través de un gran arco, se accede a la gran plaza formada por la Basílica y el conjunto palatino visigodos.
Al fondo (aún sin excavar) se encontraría otra de las puertas de la ciudad, la orientada hacia Toledo (Archivo propio)
Planta y porche de una de las viviendas "tipo" de Recópolis (Archivo propio)
Cisterna pública para recoger el agua de lluvia (Archivo propio)
Entrada de una de las tiendas, con dos zonas comerciales a ambos lados y el taller al fondo (Archivo propio)
Zona de la Basílica principal (baptisterio) destinada al bautismo por el rito arriano (Archivo propio)
Arcos de la Basílica destinados a separar su zona más sagrada e inaccesible (Archivo propio)
Muros y soportales del Palacio mayor (Archivo propio)
Uno de los muchos molinos de época moderna que nos ofrece el paisaje (Archivo propio)
Desde aquí sólo podemos decir que os recomendamos muchísimo la visita al yacimiento, castillo y alrededores naturales. Las dos guías e informadoras fueron muy atentas con tan numeroso y difícil grupo e hicieron un trabajo fantástico. Sin embargo, debemos hacerles una recomendación a los responsables del Centro de Interpretación, y es que en nuestras dos visitas nos parece que hubo demasiada gente para una sola guía y que el servicio mejoraría contratando a más personal en épocas de máxima afluencia, así como no apurar tanto las horas de entrada (que hace que una tenga que ir desde una punta del parque a otra corriendo y con la lengua fuera para llegar a tiempo a la siguiente visita). También sería una buena idea ofrecer a las familias con niños otro tipo de visita más orientada al interés de los peques, que en general no pusieron mucho interés al recorrido.

Esperamos que hayáis disfrutado de la recomendación y de las fotografías, ¡nos leemos! :)

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