lunes, 23 de enero de 2017

PhD Survivor (IV): Cómo y dónde publicar en humanidades

Hace unos meses ya comenzamos con una entrada, realizada por mi compañera Iris, sobre los perfiles de autor, el primero de los talleres que estaba realizando la Biblioteca de Humanidades de la Universidad Autónoma de Madrid, para guiar a los investigadores noveles hacia "un futuro más próspero" - o eso cree una servidora -. Antes de acabar el pasado año, asistimos a otro de los talleres que habían organizado sobre la publicación en Humanidades. De esta manera, en el post de hoy nos vamos a adentrar en ese mundo fantástico y que te dan quebraderos de cabeza sobre el modo de elegir una buena revista en la que publicar nuestras investigaciones.


Portada del taller (Biblioteca de Humanidades-UAM)

A través de la publicación se muestran los resultados de cualquier investigación llevada a cabo, ya sea individual o colectiva, a través de artículos, libros, capítulos de libro o cualquier medio de divulgación. Sin embargo, hoy día, la difusión impresa ha descendido a un segundo lugar de difusión en pro de la difusión digital.

Antes de todo, hay que tener un plan de publicaciones, lo más diverso posible pero al mismo tiempo hay que tener cuidado con divulgar, de forma reiterada, en los medios de la institución que uno pertenece y/o colabora. Generalmente, salvo que haya problemas de extensión o sea un tema muy complejo, el número de autores deben de ser como mucho dos y el responsable de esa investigación debe de estar colocado como primer autor.

Antes de publicar en cualquier revista, hay que seguir estrictamente las normas de los autores de las diferentes publicaciones periódicas en nuestros manuscritos.

¿Cómo elegimos una buena revista para publicar?

Podemos seleccionarlo en base a dos circunstancias: por un lado, tener "buenos" contacto que regularmente publiquen en alguna revista de "prestigio" o utilizando los medios de divulgación de nuestra institución. No obstante, para no divulgar nuestras investigaciones en los mismos medios de difusión, hay que tener en cuenta lo siguiente:
  • Buscar y filtrar la información de diversas bases de datos para ver cuál es la adecuada para nosotros, en base a nuestro tema de especialización. Para ello podemos utilizar algunas bases de datos como Scopus, Periodicals Index Online o ya especializada en nuestro campo (Historia): Historical Abstracts. A través del contenido de esas bases de datos podemos observar la especialización temática de cada revista - según el número de artículos que tiene - y consecuentemente, publicar en esas revistas o no, según nos convenga. En el caso de libros, a través del SPI (Scholarly Publishers Indicators), podemos ver las temáticas en las que se especializan las diferentes editoriales.
  • Seleccionar las revistas o libros que tengan mayor impacto y/o prestigio editorial. Pero ¿cómo sabemos que la revista tiene impacto? Principalmente, una revista tiene un cierto índice de impacto a través de dos bases de datos: WOS (Web of Science), SJR (Scimago Journal Rank). A diferencia de SJR, en WOS hay que pertenecer a una institución que esté conectado con dicha página para poder tener la autorización.
Podríais decir, eso está muy bien y tal pero podríamos preguntarnos ¿es lo mismo impacto que calidad? A lo que yo respondería si pero no. Una revista puede tener un gran impacto y generalmente será de buena calidad. Sin embargo, todo depende de la base de datos que utilices porque englobará dicha revista en una determinada letra alfabética y ésta es la que puede variar según la base de datos utilizada. El índice de calidad de cualquier revista se divide entre: A+ (que sería la mejor calificación) hasta la letra D (la calificación más deficiente).

Hay numerosas páginas que nos indican dicho índice pero las que más destacan son tres: C.I.R.C, MIAR y Latindex. En las primeras dos podemos ver los índices de calidad tanto de revistas españolas como internacionales (de cualquier especialidad). No obstante, en el caso de Latindex, sólo nos aparecerán información de revistas de Latinoamérica, el Caribe, Portugal y España. ¡OJO! Siempre hay que realizar la búsqueda en varias websites por si en alguna de ellas no apareciese la revista que queremos encontrar.
  • Comprobar las políticas de derechos de autor de la revista o libro en cuestión. Para la primera tenemos dos formas para ver las políticas de copyright, dependiendo si la revista es internacional o no. En el caso de serlo, a través de SHERPA/ROMEO podemos ver las condiciones de cada revista y los derechos que el autor tiene para publicar antes o después su manuscrito. Veamos un ejemplo: En la búsqueda de la revista Economic History Review aparecerá el siguiente cuadro:
Muestra de la búsqueda de la revista Economic History Review (SHERPA/ROMEO)

Según esta revista, los autores de cada artículo puede subir la versión pre-print (la anterior a la revisión por pares de la revista) a cualquier página como Academia.edu o cualquier web personal en la nube, pero después de haber pasado dos años. Sin embargo no podrá mostrar el artículo con la versión del editor.

Para las revistas españolas, tenemos una página web similar a la anterior llamada DULCINEA en el que también podremos saber los derechos que tenemos como autores de un artículo.
En el caso de buscar una de ellas como es la famosa Hispania, Revista de Historia, vemos lo siguiente:

Muestra de la búsqueda de la revista Hispania (DULCINEA)

Para ver cuándo podríamos publicar nuestro artículo de esa revista, en la ficha completa vemos toda la información. Para la revista Hispania, se puede subir el post-print inmediatamente después de su publicación en la versión editorial pero únicamente a la pagina web personal o a los repositorios institucionales.

Os ha podido llamar la atención eso de color: azul que aparece en esta última revista. ¿Qué significa? os preguntaréis algunos. Pues yo os doy la solución: los colores que aparecen tanto en la página de DULCINEA como en la de ROMEO, nos indican qué es lo que podemos divulgar de nuestras investigaciones en los diversos medios de publicación. Los colores tanto para uno como para otro son los mismos:
  • Gris: No se conoce la política de autoarchivo por parte de la revista o está sin actualizar.
  • Blanco: La revista NO permite el autoarchivo de los artículos.
  • Amarillo: La revista permite subir únicamente el pre-pint de cada artículo. Habría que ver cuándo se puede subir a través de la información que nos da cada revista.
  • Azul: La revista nos permite subir el post-print del artículo. Al igual que en el anterior, habría que ver en la propia revista cuándo es el momento propicio para realizarlo.
  • Verde: Los autores pueden subir el pre-print o el post-print.
Hasta aquí todo va bien y os podéis hacer la siguiente pregunta ¿y para los libros no hay nada? Error.
En el caso de los libros, es algo diferente. Una vez que realizas el contrato con la editorial se te exponen los derechos sobre él. Si no tenemos conocimiento de ello, después de la publicación de la obra, podemos intentar contactar con la editorial para que nos resuelva esas dudas. No obstante, si la editorial es de acceso abierto se puede localizar en DOAB o MELIBEA para ver qué derechos como autores tenemos en cada editorial que esté indexada en dichas páginas.
Logos de las bases de datos DOAB y MELIBEA

Como veis, el mundo de la publicación es muy arduo y complejo. Para los que subían, sin miramiento alguno, cualquier publicación a la nube, ya sabéis que hay que tener cuidado porque si se incumplen las normas de la editorial o revista nos podemos meter en un berenjenal (y de los gordos). Espero que estas nuevas herramientas os ayuden en el futuro y de nuevo, como en el anterior post explicó mi compañera Iris, gracias a Manuel Lorite por esta gran iniciativa y a la Biblioteca de Humanidades de la Autónoma, por ayudar a realizarla.

jueves, 19 de enero de 2017

«Silencio». La épica jesuita tras lo nuevo de Scorsese (2016)

Cartel promocional (Wikipedia)
Como historiadora amante del periodo —y ya bastante harta de las (malas) variantes de ficción al estilo Águila Roja—, el estreno de una película que tenga que ver con los siglos XVI y XVII es ya de por sí un poderoso aliciente para encaminarme al cine más cercano. Pero si además ésta se sale de las típicas «batallitas», tradicionalmente sobrerrepresentadas dentro del género del drama histórico, una ya se las promete bien felices, cual gorrina en lodazal.

Desde el apresurado tráiler lanzado el pasado mes de noviembre supimos que Silencio, por el contrario, nos prometía ahondar de la mano de Martin Scorsese en la fascinante y aún poco conocida historia de un descubrimiento mutuo: las interacciones entre Europa y Asia en los márgenes de la primera globalización. En concreto, la película narra el trágico destino final de la misión jesuita en Japón, la cual vive sus últimos momentos entre violentas persecuciones por parte del shogunato Tokugawa entre 1605 y 1639.

Esta película nos brinda, por tanto, una muy buena oportunidad para volver a ver en acción a la Compañía de Jesús tras aquélla otra gran película de 1986 que fue La Misión. Pero antes de dar rienda suelta a mi evidente entusiasmo, quiero avisaros de que se trata de una película larga, densa y de ritmo lento (aproximadamente en torno a las 2 horas y media). Las tribulaciones de fe del principal protagonista, el padre Sebastião Rodrigues (Andrew Garfield), quizá tampoco sean del interés de todo el mundo, se considere una persona religiosa o no.

Última edición en Edhasa (2009)
Sin ánimo de entrar en cuestiones técnicas, por la parte que me toca como historiadora he de darle a la película un rotundo sobresaliente, tanto en ambientación como en el tratamiento de un contexto histórico tan rico y complejo. Es de justicia reconocer que éste no es tanto un mérito que debamos al propio Scorsese como a la obra homónima original que adapta, autoría del japonés Shūsaku Endō (1966); pero, tal y como hizo Roberto el pasado año con el análisis de La Bruja (2016), cuando las cosas se hacen bien hay que manifestarlo las veces que haga falta.

Todos los diálogos, además, están cuidadosamente trufados de referencias históricas o personalidades conocidas sin dar esa irritante sensación tan habitual en la ficción de que te están impartiendo una obligada clase de Historia. No obstante, reconozco que sólo alguien que esté mínimamente familiarizado con estos detalles le sacará todo el partido que encierra; de lo contrario, se volverá una película definitivamente reiterativa y hasta tediosa (como creo que así ha ocurrido, en general, a pie de butaca).

Pues bien, tras recomendaros no seguir leyendo en caso de que aún no la hayáis visto, en esta entrada intentaré ahondar en algunas de las cuestiones que más me llamaron la atención y que aparecen muy bien representadas en la película a través de los diferentes personajes (tengo pendiente aún la novela y sé que en algunas partes difieren sustancialmente).

Presentemos primero a nuestro dúo protagonista de ficción, los padres Rodrigues y Garupe, jóvenes miembros de la disciplinada Compañía de Jesús, fundada entre 1538 y 1541. ¿Qué tenía esta nueva orden de especial entre todas las que se lanzaron a la fiebre misionera durante la llamada Época de los Descubrimientos? Para empezar, hacia mediados del siglo XVI y al calor de la Contrarreforma, los jesuitas se habían convertido en los nuevos «gallos del corral» eclesiástico. Se diferenciaban en mucho de las pretéritas órdenes mendicantes (carmelitas, franciscanos, dominicos y agustinos), a las que había correspondido hasta el momento la evangelización de América a las órdenes dictadas por los reyes de Portugal y Castilla.

Retrato de Loyola en armadura (Wikipedia)
Y es que estos señores de voluntad combativa no obedecían más autoridad que al Papa de Roma, sirviendo de facto como agentes directos en la evangelización de las nuevas tierras que los galeones desvelaban a su estela. El Pontífice podía de este modo comenzar a «olvidarse» de su tradicional dependencia hacia las monarquías ibéricas a la hora de hacerse cargo de este tipo de empresas. Así, pese a la cuidada planificación de Felipe II, la hipotética y ambiciosa Conquista de la China Ming ya no correspondió a la Monarquía, sino que se dejó en las manos de tan peculiares «tropas».

Los jesuitas no tardaron en sobresalir como lo más granado que tenía la Iglesia católica del momento: aparte de ser cultísimos y formados, demostraron poseer una adelantada visión «empresarial» así como un espíritu inquebrantable ante las dificultades (no perdamos de vista que muchos de ellos habían sido ex-soldados, como el propio fundador de la orden, san Ignacio de Loyola). 

Estos misioneros jesuitas no sólo viajaron por todo el globo durante los siglos XVI-XVIII conformando una orden de fuerte carácter «internacional» y diversidad de nacionalidades entre sus miembros. También fueron los que más se «molestaron» por aprender diferentes lenguas e «integrarse» en las costumbres de sus futuros conversos, legándonos a los historiadores auténticos tratados de antropología del momento.

Valignano al pirncipio de la película (IMDb)
Durante toda la segunda mitad del XVI, entre intereses tanto religiosos como mercantiles, los jesuitas se convertirán en los intermediarios por excelencia entre los europeos y las civilizaciones autóctonas dentro del tablero asiático. En este sentido, la película nos muestra el curioso —por anacrónico— cameo del padre Alessandro Valignano. Desde Goa, la joya colonial del Imperio portugués en India, este jesuita de origen napolitano fue históricamente otra figura clave en la organización y estructuración del papel de la Compañía en Asia. En 1582 envió la primera delegación oficial de japoneses a Roma (Embajada
Tenshō), a fin de mostrar en la Cristiandad los frutos de su esfuerzo evangelizador (y pedir nuevas fuentes de financiación para proseguirla). Ciertamente, en 1639 el Valignano histórico llevaba muchos años muerto y enterrado (1539-1606), pero la inclusión del personaje de Ciarán Hinds en la película nos parece todo un acierto, pues conserva todo el carácter y significado de su figura.

Garupe y Rodrigues en Macao (CLTURE)
Sin embargo, cuando Rodrigues y Garupe (Adam Driver) emprenden su viaje a Japón en 1639 para dar con el paradero de su mentor, el padre Cristóvão Ferreira (Liam Neeson), deben hacerlo clandestinamente, pues aquellos días dorados de la Compañía en Asia han pasado hace tiempo. Temeroso de posibles intentos de invasión por parte de las potencias europeas con las que antaño había estado muy interesado en comerciar a cambio de armas de fuego, en 1606 el shogunato Tokugawa se veía lo suficientemente fuerte tras la reciente reunificación del país como para decretar la ilegalización del cristianismo.

Esta nueva actitud de hostilidad, evidentemente, no sólo respondía a cuestiones meramente religiosas. Los jesuitas habían sido incapaces de evitar cierto grado de implicación en la política japonesa al influir en los poderosos daimyō de las islas Kyūshū. Más tarde, la llegada de franciscanos españoles desde Filipinas en la década de 1590 hizo que la relación con el gobierno japonés se enrareciera aún más, pues estos «frailes idiotas» —como solían mofarse de ellos los propios jesuitas—, centraron su labor misionera en la evangelización de miserables, pobres y campesinos. La creciente influencia del catolicismo militante comenzó a percibirse como un claro elemento desestabilizador y hasta subversivo, pues no sólo amenazaba potencialmente el orden político, sino también la propia estructura social interna.

Inoue Masashige (Issei Ogata)
Así pues, en 1614 se promulgó oficialmente la prohibición completa de esta religión a todos los japoneses, momento en que se calcula la existencia de unos 300.000 conversos. Durante los años siguientes, el Bakufu fue decretando progresivamente la expulsión del país de todos los europeos: los últimos fueron los portugueses en 1638 tras la multitudinaria Rebelión campesina de Shimabara, acusados precisamente de espolearla. Mas sólo fue bajo el decidido shōgun Tokugawa Iemitsu (1604-1651) cuando realmente se hicieron efectivas las sucesivas prohibiciones y se terminó expulsando a todos los europeos de Japón (fueran religiosos o no), con la única excepción de los comerciantes holandeses de Dejima.

La erradicación de los últimos reductos de cristianismo autóctono fue lenta pero segura, entre una mezcla de persuasión y violencia que se puede apreciar muy bien en la película. El método del «palo y la zanahoria» queda particularmente bien personificado en la figura del astuto Inquisidor Inoue Masashige (1585-1661), personaje histórico «célebre» tanto por su persistente persecución del cristianismo, como por los rumores de haber sido amante del propio Iemitsu.

Recibimiento en la aldea de Tomogi (The Fan Carpet)
Precisamente, el arma arrojadiza de Inoue para doblegar a Rodrigues son los propios kakure kirishitan, o campesinos japoneses que profesan el cristianismo en la clandestinidad. Mónica (Nana Komatsu), Mokichi (Shynia Shukamoto), Ichizo y los demás aparecen como dignos y serenos mártires que incluso hacen dudar de la fortaleza de su fe a los propios sacerdotes. 

No obstante, tanto Rodrigues como Garupe los contemplan de una forma compasiva, mas no exenta de paternalismo (pues «viven como bestias»). Esta actitud, por otra parte, no era extraña en los jesuitas. Desde el principio, evangelizar directamente al pueblo les parece una idea descabellada y, cuanto menos, muy poco práctica. Sus esfuerzos allí, como lo estaban así mismo en Europa, iban más dirigidos a la cúspide social y a la educación de las élites; estableciendo alianzas y acuerdos comerciales con distintos daimyō y señores en la parte suroeste del país se esperaba que ellos mismos convirtieran al cristianismo a sus respectivos vasallos.

El sincretismo religioso en sus creencias es otro aspecto muy interesante que muestra la película, así como su obsesión por llegar al Paraíso, por el que preguntan insistentemente imaginando un lugar donde no existe el hambre, la enfermedad o el trabajo de sol a sol. ¿Podría no faltarle cierta razón al padre Ferreira al afirmar que en realidad no creían en el Dios cristiano? El abandono de estas comunidades a la más estricta clandestinidad hizo que con el paso del tiempo acabaran desarrollando un curioso cristianismo, altamente «contaminado» por elementos autóctonos.

Rodrigues imaginándose como Jesucristo (Aleteia)
No quiero echar el cierre a este ya extenso repaso sin hacer justa mención al para mí, conmovedor viaje interior del protagonista, el padre Rodrigues. A diferencia de buena parte del elenco que lo acompaña, Rodrigues no es un personaje histórico, si bien parece estar inspirado en el jesuita italiano Giuseppe Chiara (1602-1685). Como prototipo del jesuita ejemplar, Rodrigues se visualiza constantemente a sí mismo encarnando el ejemplo del Salvador durante las diferentes etapas de su periplo por Japón. Incluso cuenta con su Judas (el pescador Kichiyiro) y su tentador Satán (Inoue) particulares. 

Como bien se muestra en su diálogo con el «caído» Ferreira, Rodrigues comparte en gran medida las motivaciones que llevaron a san Francisco Javier (otro de los fundadores de la Compañía de Jesús) al país del Sol Naciente. El misionero navarro había arribado a sus costas cerca de un siglo antes (1549), tan sólo 6 años después de la llegada de los primeros comerciantes portugueses. Dado que éstos se habían limitado a actividades esporádicas y propias de su oficio, el grupo de españoles de Francisco Javier tuvo que empezar su misión evangelizadora prácticamente desde cero, comenzando a recabar información pormenorizada sobre el idioma y las costumbres. Así, tras 8 años moviéndose previamente por otros lugares de Asia, Francisco Javier aún se apoyaba en la creencia tomista de que existía una razón y unos valores morales de tipo universal, iguales y necesarios a toda la humanidad. Los japoneses, en particular, le parecían especialmente bien dispuestos para recibir la fe católica como única y verdadera. No obstante, entendía también que en el país se daban costumbres y usos culturales sustancialmente distintos a los de Europa, por lo que el éxito de la Compañía de Jesús pasaba por «japonizarse» o adaptarse en cierto grado a la cultura local (es decir, conocer al «Otro» desde dentro).

En la película, para el protagonista la apostasía supone una dolorosa renuncia a todos estos ideales, dándose cuenta a la vez de que nunca fue Jesucristo sino, en todo caso, Pedro negándole con el primer canto del gallo. En la historia de Rodrigues se puede ver reflejado cualquiera que haya pretendido «cambiar el mundo» o, al menos, descubrirse incapaz de hacerlo mediante la manera que en principio tenía pensado.

BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES:
  • LÓPEZ-VERA, J. (2016). Historia de los samuráis. Gijón: Satori Ediciones. 
          ______________  (2013). «La misión jesuita en Japón, ss. XVI-XVII.» en HistoriaJaponesa.com. Consulta: 03/01/2017.
    • MARTÍNEZ MILLÁN, J., PIZARRO LLORENTE, H., y JIMÉNEZ PABLO, E. (coords.) (2012). Los jesuitas. Religión, política y educación (siglos XVI-XVIII), 3 vols. Madrid: Universidad Pontificia de Comillas.
    • SCHIROKAUER, C., LURIE, D. y GAY, S. (2014). Breve historia de la civilización japonesa. Barcelona: Edicions Bellaterra.

    lunes, 16 de enero de 2017

    Proyecto Tesis: algunas herramientas útiles para afrontar un doctorado

    Hacer una tesis significa divertirse y la tesis es como el cerdo, en ella todo se aprovecha.
    Umberto Eco.

    Habrán notado que últimamente se habla mucho por este blog de doctorados; es lo que tiene que tengamos a gran parte del consejo de redacción inmerso en la consecución del mismo. Precisamente por ello, puede resultar irónico que sea el ingeniero de a bordo, ajeno al proceso de elaboración de una tesis, pese a estar rodeado de doctores y doctorandos, quien les hable de este tema. 

    Pero como mi ámbito profesional está ahora en la gestión de la calidad de proyectos y servicios, sí que manejo algunas técnicas que pueden ser útiles para llevar a cabo un proyecto del calibre de la obtención de un doctorado. Realmente, los consejos que ya van dando Miriam, Iris y Roberto son una excelente orientación de buenas prácticas a seguir, y lo único que pretendo es contarles cómo materializar algunas de las mismas usando algunas técnicas comunes a cualquier proyecto.

    Tal vez la palabra proyecto aquí les suele demasiado técnica o ingenieril, pero si nos ceñimos a la definición de una de las biblias del tema, el PMBOK:
    Un proyecto es un esfuerzo temporal que se lleva a cabo para crear un producto, servicio o resultado único.
    Como ven, en ninguna parte se menciona un entorno de trabajo específico; de hecho, un ejemplo recurrente en estos manuales es la organización de una boda. Las cosas que les voy a ir contando aplican por tanto a la construcción del rascacielos más alto del mundo, a la llegada del hombre a Marte o a la elaboración de una tesis doctoral en Historia.
    Un poco de organización nunca viene mal... (Dilbert)
    Divide y vencerás

    El primer paso para pensar en "modo proyecto" es considerar son los tres parámetros fundamentales de todo proyecto: alcance (qué se pretende), tiempo (qué plazos manejamos) y coste (económico, principalmente). Temas que ya comentó Roberto en su entrada. Así pues, lo primero sería fijar el alcance; sí, evidentemente, el objetivo está claro, doctorarse. Pero eso implica muchas cosas: el tema o la extensión de la tesis, por ejemplo. Plazo puede ser el que nos fijemos nosotros, o el que nos dicten las circunstancias. Y coste, pues el que mejor lo ha explicado es Roberto, sobre todo atendiendo a que puede ser económico o en horas compartidas con nuestra pareja, familia o amigos. Evidentemente, cada uno de ellos influye en los otros dos.

    Así pues, y como bien quedó dicho, el primer punto es aplicar el gnóthi seautón. Para ello, una sencilla pero potente técnica es hacer un análisis DAFO: Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades. Simplemente consiste en construir una matriz 2x2 con las respuestas a la pregunta ¿cuales son mis...? en cada caso. Un ejemplo sencillo (me invento las respuestas) para evaluar si realizar una tesis sobre Descartes podría ser:
    Bien: gracias a un análisis sosegado y sopesando todo, hemos conseguidos decidirnos por un tema de tesis, y tenemos claro qué puntos reforzar y a qué debemos estar atentos. Así pues, seguimos abriendo nuestra caja de herramientas, y el siguiente punto sobre el que debemos trabajar es en la planificación: ¿cuando debo, o pretendo, tener presentada mi tesis? Para ello, es interesante tener en mente algo similar a este "modelo de pez", que si bien está orientado a tesis técnicas, igualmente sirve como guía para saber como distribuir el esfuerzo.
    Modelo de pez sobre los esfuerzos a la hora de doctorarse (Jakob E. Bardram)
    Así pues, lo que deberíamos hacer aquí es un diagrama de Gantt; lógicamente, sencillo y por encima, y buscando mucho más tener claros los hitos intermedios que el detalle de las tareas, que seguramente sea imposible determinar de salida. El objetivo es principalmente tenerlos más o menos claros, y si estos hitos no se van cumpliendo, replanificar en consecuencia. Esto lo podemos hacer con una simple hoja de cálculo, no hace falta que se me vuelvan locos para aprender a manejar otras herramientas. A modo de ejemplo, pongamos que el objetivo es 3 años, y que el planteamiento (obviamente, a consensuar con el director de tesis), es este:



    El que vive de esperanzas corre el riesgo de morirse de hambre

    Bien, en un mundo ideal, tengo todo ya organizado y bajo control, así que a partir de aquí es cosa de autodisciplina. ¿No? Evidentemente, esto no pasa ni en las películas de Disney, y durante el largo tiempo que dedicaremos al doctorado estamos expuestos a múltiples riesgos que pueden afectar, como mínimo, a su duración. Si bien aquí en la parte de amenazas y debilidades hemos hecho un análisis conceptual, siempre debemos ir un paso más allá, con un análisis de riesgos. Les adelanto varios que podrían ser típicos:
    • El artículo clave para la tesis no es aceptado;
    • No se aprueba la estancia necesaria;
    • Sufro una enfermedad que me impide trabajar durante varios meses;
    • El ordenador sufre una avería importante.
    Lo que deberíamos hacer en este punto es una mínima reflexión sobre qué probabilidad real hay de que ocurra, y cuanto daño hace si se materializa. Y sobre ello, pensar como evitamos que llegue a tener lugar, o al menos que haga el menor daño posible. Suelo decir, medio en serio, medio en broma, que es casi más importante desarrollar primero el plan B, ya que si no, no se piensa hasta que es tarde, y el plan A lo vamos a hacer de todos modos.

    Sobre todos los ejemplos que les pongo, y los que se les ocurran a ustedes mismos, pues tendrán que pensar sobre ellos de manera conjunta con su director de tesis, a ver que les sugiere. Pero como caso evidente, les ejemplifico el fallo informático. Tengamos en cuenta que hay dos tipos de usuarios: los que han perdido datos y los que los van a perder, así que por defecto deberíamos asignarle una probabilidad media-alta; además puede llegar a ser catastrófico, al menos en la fase final, así que será preciso tomar unas cuantas medidas al respecto:
    • Usar el ordenador de trabajo SOLO para trabajo; nada de descargar cosas raras que pueden traer "invitados" indeseables al equipo.
    • Evidentemente, disponer de antivirus actualizado, usar contraseñas seguras, etc. para evitar disgustos por esa parte.
    • Hacer copias de seguridad. Varias. A menudo. Para evitar catástrofes más vale tener varias copias, preferiblemente sincronizadas, entre el disco duro, un disco externo, un servicio cloud, el móvil y el ordenador de algún amigo, pareja, etc.
    ¿Exagero? Bueno, hay un parámetro llamado "apetito de riesgo" que es personal, así que es cosa suya hacer esta evaluación, pero yo al menos no me arriesgaría.

    En fin, que semejante proyecto (uno de los más grandes en la vida, al menos en la académica), requiere de toda la ayuda, organización y buen hacer del que se pueda disponer. Sobre puntos acerca de cómo citar, visitar archivos, gestionar perfiles de autor, etc. pueden recurrir a otras de nuestras entradas. Por mi parte, sólo me queda desearles suerte, y que estos consejos les hayan dado alguna pista.  
    En algún momento hay que terminar... (Imgrum)