jueves, 19 de octubre de 2017

Reseña de Pompeya. Historia y leyenda de una ciudad romana de Mary Beard.

Portada del libro. Fuente: Amazon
Debo reconocer que cuando me regalaron el libro de Pompeya. Historia y leyenda de una ciudad romana de Mary Beard, lo primero que me vino a la cabeza fue; “vale, otro libro sobre la destrucción de Pompeya”. 

Tampoco es que supiera mucho de la autora salvo que le habían concedido el Premio Príncipe de Asturias y poco más. Sí que es cierto que me había llegado que era una gran divulgadora, muy accesible y con un excelente sentido del humor. Además es muy activa en RRSS,  a pesar de los ataques que sufre en ocasiones, como ha ocurrido recientemente con el tema de la diversidad étnica en la Britania romana.

En cuanto al libro del que tratamos, la verdad es que estoy un poco cansado de la historia de la erupción y de escuchar historias escabrosas sobre la gente que acabó su vida de manera tan cruel. 

También es verdad que el libro venía de unas personas en las que confío mucho, por lo que decidí dar una oportunidad al mismo. 

Un gran acierto y un título absolutamente recomendable. Por supuesto se habla del volcán, pero Beard en lo que se centra es en levantar de nuevo el yacimiento de Pompeya y dotarlo de vida, ¡y vaya si lo consigue! 

Mucho más interesante saber cómo eran sus casas, dónde comían, dormían y se regían los romanos ricos y pobres, al menos para mí, que su triste final. Además, una gran oportunidad para volver al Imperio romano, que al no ser mi campo de estudio, echando cuentas, creo que dejé allá por el curso 98/99 (hablo del siglo XX, no hagáis sangre). Resultado, tenía éste período absolutamente oxidado y éste libro ha sido una excelente excusa para refrescar algunas nociones de Roma.
Aquí la prueba de que leo lo que reseño. Aquel ya lejano verano del 17 en la piscina....

Primer acierto del libro, pues, el reflejo de la citada vida cotidiana y política de esta ciudad imperial.

Segundo acierto sin duda es la excelente prosa de la autora que, sin abandonar el imprescindible rigor, con un humor envidiable sentido del humor tan típicamente inglés que te hace, en ocasiones, te hace reír a carcajadas. 

Restos del templo de Isis en Pompeya
(Archivo propio)
Tercer acierto, ser absolutamente sincera en cuanto el nivel de conocimientos que se tiene sobre Pompeya. Aplicando un demoledor sentido común, va desgranando las distintas teorías en torno a Pompeya y en más de una ocasión admite sin rubor que, o no tienen ni idea o que la teoría en sí es más que discutible.

Esto último me interesa enormemente como historiador, más en concreto, con respecto al relato histórico. Si seguís este blog hace tiempo sabéis que es una de mis preocupaciones como profesional. El modelo de Beard es muy similar en éste caso al seguido por Carlo Ginzburg y los microhistoriadores. Se trata de mostrar al lector nuestras pesquisas como historiadores. Las que nos han llevado a buen puerto y las que no. De esta manera creo que el trabajo de historiador se hace más evidente para el lector a la vez que le permitimos acompañarnos en nuestras indagaciones. 

En definitiva, título más que recomendable por todo lo anteriormente citado. Visto lo que me ha gustado Pompeya ya le estoy echando un vistazo a otros títulos suyos como El mundo clásico. Una breve introducción o La herencia viva de los clásicos pero, siempre hay un pero, con calma. Como ya os he dicho mi tiempo de lectura es muy pero que muy limitado y más en medio del curso académico.

Un saludo a todos.

lunes, 16 de octubre de 2017

La paleografía en los archivos hispanos 2.0

En la temporada pasada, realizamos una entrada del blog sobre paleografía porque, sinceramente, lo consideré necesario.  ¿Por qué? Muy sencillo. El trabajo en los archivos no es fácil y más cuando comenzamos a ir a ellos. Dada su buena aceptación, me ha parecido oportuno seguir haciendo entradas como esa este año. Porque no sé vosotros, pero yo las primeras veces que iba me sentía un poco perdida con algunas palabras (y eso que di varios cursos de paleografía).
Albalá de merced a Ferrez de Lanuza
1438. Cursiva aragonesa.

Hasta hoy mismo, sigo muchas veces necesitando ayuda de los libros que tengo de paleografía que conseguí durante la carrera para ayudarme en algunos nexos que muchas veces aparecen y no sabes qué significan. Por eso, y porque no creo ser la única en el mundo a la que le ocurra esto, he decidido que este año, cada cierto tiempo, sacaré una entrada que nos ayude a todos, en la medida de lo posible a avanzar en nuestra lectura cuando tengamos los documentos in situ.

Y es que no es lo mismo ver una cursiva gótica que una cortesana o una procesal. Al igual que no es lo mismo la gótica cursiva utilizada en Castilla que la utilizada en Aragón o Navarra, por decir algún ejemplo.

Las mayúsculas las podemos intuir fácilmente, el problema llega cuando las letras son en minúsculas, hasta llegar ya a la segunda mitad del siglo XVII que la caligrafía mejora y es mucho más fácil interpretar la documentación.

El problema de la escritura cortesana y la procesal no sólo viene en las letras aisladas, que podemos intentar averiguar fácilmente. La cuestión viene sobre todo con la inmensa cantidad de nexos que estas escrituras utilizan. Algunos, como he visto en varios documentos, se repiten, pero siempre hay alguno nuevo que te descuadra porque no lo habías visto jamás en tu vida. Muchas veces ese nexo no te impide ver lo que significa el resto del documento, pero ¿que pasa si ese nexo es una parte importante de él?

Uno de los libros más útiles que encontré durante la carrera y aún lo sigo utilizando ocasionalmente, es el sacado en 2002 por la UNED. No explica todo, porque ya digo que la práctica hace al investigador, pero tiene ilustraciones muy esclarecedoras sobre diferentes letras y nexos. Aquí os muestro unos ejemplos:
Ejemplos de nexos. MARTÍN FERNÁNDEZ, T.: Paleografía y diplomática, UNED, Madrid 2002, v.2, p. 17.
No obstante, si algo me ha sacado siempre de quicio mirando la documentación, han sido los numerales. Como sabéis, los únicos números utilizados hasta el siglo XVII en todo tipo de cuentas fueron los números romanos. En la documentación, raramente lo he visto en mayúsculas - algo que hubiera ayudad mucho a su interpretación - viéndolas generalmente en forma minúscula y con nexos continuos lo que, por lo menos a mí, me han dificultado muchas veces su lectura. Y es que no es lo mismo esto:

que esto:

o esto:

Poco a poco vas a prendiendo que lo que sería el 1 romano siempre suele ser una i minúscula en forma de j y que si son varias van seguidas y la última es la que se presenta como j.

Otro ejemplo es el de mil (M) que en lugar de poner dicha letra en las cuentas aparece el famoso calderón en forma de u. Y para utilizar los millones se utiliza la abreviatura quento que se escribe con una q y una o sobrepuesta.

Todo se vuelve un poco más "sencillo" cuando ves numeración arábiga. Pongo las comillas porque suele aparecer alguna vez alguna confusión entre el 1 y el 7 o el 4 y el 9, según el escribano que haya realizado el documento y las prisas con las que lo haya hecho. 

De igual modo, también se pueden observar la coexistencia de ambos numerales en una misma cuenta o que en los totales de las cuentas aparezcan un numeral que no tiene nada que ver con lo que has encontrado anteriormente en ese documento por lo que te tiras de los pelos, literalmente, para comprender dónde ha aparecido ese número nuevo o en qué te has podido equivocar.

Para los que no habéis tocado aún documentación os incito a realizarlo cuanto antes mejor; y para los que seguís visitando los archivos y mirando la documentación, si no habéis visto aún numerales, ¡no lo hagáis nunca! Es broma, hacedlo pero ya sabéis, ¡hay que tener cuidado siempre!

lunes, 9 de octubre de 2017

Cómo seleccionar un buen libro académico.

Este verano colgué en Facebook una noticia criticando un libro que, como me dijo alguien en un comentario acertadamente, no había leído. ¿Es necesario leer un libro para poder criticarlo? Comenzaremos diciendo que, desgraciadamente, somos finitos y que por tanto nuestras lecturas también lo son.
Interior de la Librería Lé
De igual manera, nuestra capacidad de lectura es inversamente proporcional a nuestra edad. Excepciones habrá, pero por lo general con 20 años tienes todo el tiempo del mundo para leer y con la edad las obligaciones van haciendo mella de manera seria en tu tiempo de lectura. Además, cada vez te vas haciendo un lector más exigente y tu dinero tampoco es ilimitado. Se hace imprescindible desarrollar un olfato exquisito para seleccionar muy bien en qué gastas tus preciados tiempo y dinero. 

Como le dije a nuestro lector de Facebook, de pocas cosas me verán vanagloriarme, como decía Loquillo hablando de temas de alcoba, nunca hay que alardear de nada pues siempre habrá alguien mejor que tú. Para mí es un lema que aplico a todo, pero en cuanto a libros es la excepción que marca la regla.  

Llevo veinte años profesionalmente vinculado al mundo del libro de una manera u otra. Es cuestión de años. Tampoco es necesario, seamos sinceros, tanta experiencia. Cualquier compañero mío del doctorado que apenas llega a los 30 hace lo mismo. Si cuento esto es porque, en esencia, éste blog fue creado para estudiantes de Historia y cuanto antes lo sepáis mejor que mejor. Vamos, que no es el secreto de la Coca Cola. 

Tengamos en cuente que hablamos de libros académicos, en cuestiones literarias depende de gustos y aquí, por supuesto, no entraremos en ello. Vamos al sistema que se tiene cuatro sencillos pasos

Primero, olisquear: Éste lo desarrollaréis con los años. Ya con ver la portada del libro y tocarlo, ojear y olisquear vendrá una primera impresión que, en la mayoría de los casos, se cumple. Pero vamos, éste es con los años, vamos con los siguientes que son más empíricos. 
El gran Umberto Eco,sello de calidad, habla del libro como artefacto. Fuente: Youtube
Segundo, ¿quién es el autor?: Como no los conocemos todos tendremos que ir a la solapa. ¿En qué universidad estudió? ¿Es doctor? ¿Tiene una carrera académica y científica que le avale? ¿Ésta es coherente?. Venga, ejemplos prácticos:    
  • Pepita Pérez: Doctora por Cambridge, especializada en Historia Antigua, ha publicado seis obras sobre Mesopotamia. Vale, mola el título que tienes en tus manos porque trata sobre eso. Tiene una trayectoria cohererente. Esta tipa sabe de lo que habla.   
    Libro origen de la controversia con
     nuestro lector Fuente: Casa del libro
  • Manolo Filemón: Periodista, escribe en la revista Enigmas, colabora en el blog “Qué misterioso es todo” y ha publicado sobre Country, Guerra Civil, musulmanes en la península y ahora nos presenta su obra sobre brujería. Vaya tela…ni acercarse a él.
Tercero, la editorial: ¿Es lo mismo Dacia que BMW? Pues de la misma manera no es lo mismo  Debate, Crítica o Cátedra que Edaf. La editorial ya es un indicativo claro de calidad y línea de trabajo de la misma.

Cuarto, la bibliografía: Piedra de toque fundamental. La bibliografía no es para que el autor nos demuestre lo listo que es, sino para ofrecernos todo el material que ha utilizado como gentileza entre estudiosos para que nosotros podamos contrastar la información. Qué curioso que los malos libros o no tienen bibliografía o te cabe en la servilleta de una cafetería. 

Pues ya lo sabéis todo. Entrad, entrad en una librería y poned mi sistema a prueba. Veréis que no falla. Probad con el libro que originó este post, justo el que tenéis al lado. ¿Cumple con los cuatro sencillos criterios? Vosotros mismos.

Un saludo.

jueves, 5 de octubre de 2017

Aprendiendo a hablar en público.


Como no me cansaré de repetir este curso, este artículo viene dado por mi experiencia y no pretende pontificar o sentar cátedra, sino simplemente contaros mi experiencia en diversas situaciones en las que creo que he conseguido cierta pericia. Coged lo que creáis que os sirva y el resto ponedlo de vuestra parte. 

Bien es verdad que nunca me habría atrevido a hablaros de esto si no fuera porque Juan asistió a mi conferencia de la Pint of Science 2017 y me dio muy buena nota por mi presentación. Juan, para que os hagáis una idea, sería de los que le diría a Rafa Nadal después de ganar su décimo Roland Garros sin ceder un set; “muy bien Rafa, pero te traigo aquí un informe de errores a corregir para la próxima” Así es Juan, perfeccionista hasta el límite.

El camino para hablar bien en público comenzó en mi caso hace cinco años. Sé que hay libros de cómo hablar en público o de oratoria y supongo que serán muy buenos y necesarios, pero a mí lo que me hicieron fue decirme casi de un día para otro que diera clase delante de 25 alumnos con un perfil bastante definido. Casi todos mayores de 55 años y con un nivel cultural medio-alto. En mi inocencia pensé que me darían directrices, material o qué se yo. Nada de nada, allí te soltaban, solo ante el peligro

No había dado clase, salvo alguna conferencia suelta, en mi vida. Iba con los apuntes que no los soltaba ni loco y con más miedo que vergüenza. Y también había mucha vergüenza. Me ayudó, qué duda cabe, el haber estado cara al público durante diez años. En este caso fue de librero pero vale de dependiente de cualquier tienda, la cosa es tener contacto con la gente para ir fajándote.
Aprendiendo a hablar en público. Aula universitaria de la URJC. Fuente: GlocalPressURJC
Aula universitaria de la URJC. Fuente: GlocalPressURJC
Una clase hablabas de arte románico, a la siguiente de la Reconquista y a última hora de literatura del Siglo de Oro. Una absoluta locura. Evidentemente el material, apuntes y Power Point te lo montas tú, y si pensáis que hay días que tengo ocho horas de clase entenderéis a la “caña” que hay que preparar las cosas.

Cinco años después, realmente ya hace algunos años, soy capaz de hablar de manera fluida de hablar de casi cualquier cosa con un guion no muy extenso y me permito relacionar literatura con filosofía o historia. De tanto preparar cosas tienes un “fondo de armario” majo que te permite, como digo a mis alumnos “irme por las lindes”. Y creedme que lo agradecen mucho. Y miradlo por el lado contrario, yo también lo agradezco -incluso más- porque me han “obligado” a estudiar muchas cosas que enriquecen mi visión de la historia.

Personalmente, quede claro este punto, nunca me han gustado mucho esas conferencias donde el ponente lee una serie de folios. Me dan ganas de levantarme y cogérselos yo para leerlos y enterarme mejor. En esto hay grados, desde el que no levanta la vista del papel durante 15 folios y aquel que teniéndolos delante modula la voz y consigue crear cierta sensación de fluidez. Como veremos éste método tiene sus ventajas e inconvenientes.

Yo fue el método de utilicé en mi primera conferencia. Me aprendí el texto de memoria para leer lo menos posible. Lo pasé fatal y más, vuelve a ser preferencia personal, eso de que te obliguen a estar sentado me produce una sensación, podríamos decir, claustrofóbica. Me siento maniatado. Todo lo contrario a cómo me lo planteé cuando di una conferencia, muchos años después, sobre la película Häxan. Días antes de la conferencia estaba pensando cómo plantear la misma. Previamente había escrito un artículo sobre la misma que me había llevado meses de trabajo y llegué a una conclusión lógica. Con releer el artículo varias veces y preparar un Power Point con imágenes de la misma, poco guion me hacía falta. Sabía perfectamente de lo que hablaba.

Y aquí un inciso de lo que yo entiendo que tiene que ser un Power Point. Imágenes en un 95% y texto el mínimo imprescindible. Eso de leer lo que pone en la pantalla tampoco me gusta hacerlo. En mi opinión, la charla me quedó bastante apañada, pertrechado con un mando para pasar las diapositivas y pudiendo estar de pie pude disfrutar de la conferencia. Soy de los que no para quieto. También como explicaré esto tiene su parte negativa.
Mi peor pesadilla. Estar dando clase y que tu alumnado esté así. Fuente: ABC
Ventajas e inconvenientes de ambos modelos. El primer ejemplo,  leer,  te permite controlar el tiempo, te salva de quedarte en blanco y de llevar la conferencia bien atada. Inconveniente de leer, que es bastante monótono. Ventajas de mi sistema, mucha más frescura y dinámica, lo que te permite que la gente te preste más atención. Los inconvenientes obvios, se te puede escapar el tiempo cosa mala y pobre de ti como te quedes en blanco. Es un sistema que puedes utilizar si tienes tablas para ello.  Si os cuento en quien me fijo os vais a reír. Puedo decir uno más académico, que son ejemplos como estos que he podido disfrutar en la plataforma TED, estos tíos son unos genios dando conferencias.

El otro es mucho menos académico y no es otro que el genial e inteligentísimo cómico Iñaki Urrutia. Cuando sube al escenario parece que está hablando como si tal cosa el monólogo, que es la primera vez que lo dice. Y ahí está la gracia en este caso porque, obviamente, detrás hay muchísimo trabajo. Incluso las equivocaciones no son tales y están pensadas al milímetro. Si veis un mismo monólogo en youtube en diferentes escenarios os daréis cuenta de ello y del trabajo que hay detrás. Evidentemente yo no tengo que hacer reír, pero sí que valoro mucho la forma de contar y la supuesta espontaneidad del discurso.
Aprendiendo a hablar en público: Iñaki Urrutia durante una de sus actuaciones. Fuente: Comedy Central
Iñaki Urrutia durante una de sus actuaciones. Fuente: Comedy Central

Como decía, la charla de Häxan me quedó decente pero me excedí de tiempo, lo que tampoco es bueno que ocurra. También, al no leer un guion tiendes a hablar, en mi caso, demasiado deprisa. No de manera horrible, pero sí un aspecto a mejorar. 

Cartel Pint os Science 2017
La oportunidad para ajustar todo ello me llegó en la Pint of Science 2017. El tiempo era muy limitado, 20 minutos, había que ajustarse a él, y en un bar no te vas a sentar a leer la conferencia. De nuevo guion con los puntos más importantes y Power Point. En este caso lo que hice fue “dar la conferencia” en casa varias veces para ver si me ajustaba al tiempo. Nunca es exactamente el mismo discurso, pero comprobé que me ajustaba al tiempo. En breve podréis decir si he conseguido dar una conferencia decente.

En definitiva. Como historiadores tendréis por fuerza que dar conferencias. Mi camino no ha sido, ni de lejos, el más ortodoxo, pero como diría el tango Arroz Blanco, “es el que me ha tocao”. 

Si os puede servir mi humilde experiencia este post habrá cumplido su cometido. Cada uno tendrá que buscar su método; algunos acudiréis a cursos de oratoria o leeréis libros al respecto y otros aprenderéis como yo a base de años prueba y error. Todos los caminos son válidos si al final el objetivo se alcanza.

PD: Nota de Juan. Sigue pendiente el hablar más despacio. Siempre hay algo que mejorar.

lunes, 2 de octubre de 2017

Mudanças e continuidades en Lisboa

Ya vuelve septiembre y, con ello, la rutina de siempre entre clases, doctorado, trabajo, publicaciones por acá y por allá y toda una serie de cosas que solemos hacer dentro ya de la "agenda escolar". Pues bien, el verano también ha sido movidito para algunos de nosotros.

En mi caso, no ha habido descanso en todo el verano, entre trabajo y tesis doctoral, y debido a ello estuve hace unas semanas por tierras lusitanas. Concretamente, estuve en la ciudad de Lisboa, una de las mayores ciudades que tiene Portugal, en la que desemboca el río Tajo.
Allí se celebró entre el 14 y el 16 de septiembre el III Workshop Internacional Mudanças e Continuidades. História Global, Cultura Visual e Itinerâncias organizado por varias entidades de investigación: IEM (Instituto de Estudo Medievais), CHAM (Centro de Humanidades-CHAM), IHC (Instituto de História Contemporánea) e IHA (Instituto de História da arte). Dicho congreso se realizó en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Nova de Lisboa y en la Fundación Calouste Gulbenkian.
Atlas de A. Ortelius de 1570.
En el congreso se expusieron diversidad de ideas y de diferentes campos pero todo unido a una línea principal que era la historia global a través de la cultura material, que podía comprender desde mapas cartográficos a los manuscritos y "libros de vestuario" en el que se puede ver la transmisión de los modelos culturales europeos a otras partes del mundo.

También a través del arte, en las influencias en las diversas obras de arte o en las exposiciones, en la manera de gobernar o las diferentes estrategias tomadas para solventar diversos conflictos durante la Edad Moderna. De esta manera, lo que se intentaba era crear una nueva historia conectada entre sí a través de diversos materiales. Ver la historia como un todo en el que diversos puntos claves se pueden ver conectados entre sí, ya sea estando en Europa o en América. No obstante, esta historia global no hay que mezclarla con la teoría de la historia de la globalización.

Fueron tres días muy intensos en el que se ha conocido a grandes compañeros de la profesión y con proyectos en mente de gran calidad científica, desde mi punto de vista. Si he de decir algo que reseñe el congreso, es la última sesión realizada el sábado 16 de septiembre. ¿Por qué? De todos los congresos y seminarios a los que he asistido en prácticamente ninguno se realizó un par de charlas sobre las oportunidades que tienen tanto los pre-docs como los pos-docs para inscribirse en becas de proyectos europeos. Y, creo, que este tema es importante porque muchos de los investigadores no saben ni la cuarta parte de lo que pueden aplicar para financiar sus investigaciones.

Peter Burke. Emmanuel College.
Si hubo alguna pega fue que a última hora falló el gran Peter Burke, investigador emérito de la Universidad de Cambridge.

No obstante, también hubo algo de tiempo para disfrutar del buen tiempo y de la ciudad de Lisboa. Tengo que decir, que era la primera vez que pisaba la ciudad lusa y no sabía que me iba a gustar tanto como realmente lo hizo. No me dio tiempo a hacer mucho turismo pero lo que hice, sinceramente, me encantó. La Iglesia de Santo Domingo, el castillo de San Jorge, las vistas desde los diferentes miradores que hay repartidos por la ciudad, la Torre de Belém o la Iglesia de los Jerónimos fueron de las cosas que no pude perderme y tuve tiempo para descubrirlas.

Sin embargo, todo ello es realmente una pequeña parte de lo que tiene dicha ciudad. Ya no solo patrimonio histórico sino también la cantidad de museos que están repartidos por la ciudad de arte, de historia y de arqueología. Y esta, además de poder disfrutar de nuevo de esta localidad portuguesa, es la razón por la que quiero volver a Lisboa próximamente.

Del mismo modo, esperemos que siga habiendo más ediciones de este tipo de Workshops porque creo que aportan nuevas formas de estudio de la historia y desde otros puntos de vista que quizás nunca habíamos pensado que pudiera ser investigada.

jueves, 28 de septiembre de 2017

A mí solo me interesa la historia

Hablemos claro, los historiadores que salían de la facultad un par de décadas antes lo hacían mucho mejor preparados que nosotros. No es nuestra culpa pero sí nuestro hándicap. En los planes de estudio antiguos de Historia había parte de Historia del Arte y parte de Geografía, lo que les facilitaba una amplitud de miras que nuestros planes de estudio no nos han proporcionado.

¿Qué ha producido esta “especialización”? Pues que todos los de Humanidades, en general, hemos perdido muchas referencias. Si escucháis, reitero por lo general, a  un historiador del arte tiende a interpretar en exceso la obra de arte sin tener demasiado en cuenta el marco histórico y pasa lo mismo con los historiadores, que “si no tenemos fuentes”, no nos salimos de ahí. Pues hombre, ni tanto ni tan calvo. Y entonces sacamos a colación la famosa palabrita tan de moda ahora: transversalidad.

Más que nada porque a día de hoy ni un Historiador “a secas”, ni uno del Arte, tienen la capacidad para analizar en su conjunto -pongamos por caso- el Salón de Reinos del desaparecido Palacio del Buen Retiro. Y hablo de Arte pero tres cuartas de lo mismo pasa con la Literatura. Mucho Quijote “parriba y pabajo”, pero si no tenemos conocimientos más o menos sólidos sobre Literatura e Historia, mal vamos.
Portada del gran blog de Arte Algargos Arte.
Es decir, ahora mismo somos “super especialistas” en la Casa de no sé quién o en el periodo de no sé cuántos, pero por los laterales se nos escapan detalles no tan nimios a raudales. De nuevo, esta es mi opinión. Nos toca, por tanto, formarnos en esas disciplinas por nuestra cuenta y riesgo, tarea nada fácil dado que ya controlar nuestro propio campo de una manera más o menos efectiva ya es un reto de enormes proporciones. 

Aquí de nuevo me vino a salvar mi trayectoria laboral. Hablaremos a lo mejor algún día de eso, pero os animo a todos a, por lo menos un período, a salir al mundo laboral de la empresa privada. Escuela de muchas cosas y que te obliga a tantas otras. No me pienso ni mejor ni peor, más bien tiendo a lo segundo, que nadie. Pero, y esto es un hecho objetivo, trabajar en una librería durante diez años, a poco espabilado que sea uno como el que os escribe, te obliga a aprender sobre muchas materias que no son la tuya además de hacerte ver cómo funciona el mundo. Distribución, clientes, mundo editorial, etc.

Y sin duda lo que me hizo darme cuenta de mis enormes lagunas en otras materias fue cuando comencé a dar clase en centros culturales. El sueldo es el que es –corramos un tupido velo sobre ello-, lo que te obliga a coger clases de todo lo que te ofrezcan. Yo estoy a punto de lanzarme con el macramé por si me ofrecen la materia. Lo del zumba y el yoga lo tengo francamente complicado… pero que no me vea en la necesidad.

Creo recordar que la primera clase que me ofrecieron fue de Historia del Arte. No era manco en el instituto, pero eso, en el instituto y llevaba por lo menos siete años alejado del estudio del arte. Pues nada, a currárselo tocaba. Y el milagro se produjo. Dando clase me di cuenta de mil y un detalles que relacionaban el arte con la historia. Vale, todos lo sabemos, pero una cosa es saberlo y otra darse realmente cuenta. Un nuevo mundo de relaciones maravillosas se abría ante mí, además de la convicción de que era un analfabestia.

Poco después me ofrecieron clases de Historia de España y aquí también tocó currar. Seamos sinceros, nos vamos decantando por nuestra especialidad y acuérdate tú ahora de los iberos que viste en primero de carrera y “nunca más”. Yo odiaba el siglo XIX, puñetero siglo en España. No por razones políticas o de otra índole: es muy complejo y cambiante, un horror para estudiar. Oye, pues “obligado” por las circunstancias, me ha terminado interesado muchísimo. Además, me permite estar reciclando conocimientos de manera permanente.

Un año después o así me dijeron “¿puedes dar taller de literatura?”- no confundir con taller de lectura o clase de literatura. Puse mi cara de “tipo duro” y sonriendo de manera socarrona dije “por supuesto”. Cinco minutos después corría realmente aterrado a una librería en busca de material con el que trabajar porque, sinceramente, no tenía ni maldita idea de todo aquello. Oye, pues ya llevamos unos años y “ni tan mal”. No soy ni de lejos Cortázar dando clase, pero nos defendemos con dignidad. Preparar las clases me ha hecho reflexionar sobre la tarea de redacción a la que todo historiador se ve obligado. Por supuesto el ensayo es muy distinto de la literatura, pero escribir bien es escribir bien.

Y estas son algunas de las clases que dado. También me he visto envuelto en clases de “Conocer Madrid” y no sé qué cosas más que no cuento para no alargarme demasiado. Entiendo que hacer lo que yo hice está al alcance de casi todos. Es cuestión de ganas de currar, tiempo, y saber buscarte la vidilla buscando información, para lo que la carrera es una escuela fantástica. No hace falta ser Braudel, cosa que ni persigo ni pretendo y, seamos sinceros, está muy pero que muy lejos de mis posibilidades. Reconozco que si eres muy tímido y te da pavor hablar en público es un hándicap importante, pero piensa que eres historiador y que tarde o temprano lo de hablar en público te va a tocar.
Plaza Mayor de Madrid. Punto de visita obligado para los cursos de Conocer Madrid. Fuente: designapartments.es
Es obvio que todo esto tiene su “reverso tenebroso”, ganas en perspectiva pero pierdes en profundidad como no te andes con cuidado. Buscar el equilibrio sería lo adecuado, pero qué difícil es eso. Soy muy consciente de mis limitaciones y fortalezas. No soy, en lenguaje ciclista, el mejor contrarrelojista o sprinter o llaneador, pero me defiendo dignamente en todas las especialidades.

Aquí debes hacer un trabajo personal de conocerte a ti mismo y analizar tus pros y contras. También debes analizar tus lagunas en Arte, Historia, Filosofía o Literatura, canónicamente las conocidas como “ciencias auxiliares” y ver qué te puede servir para enriquecer tu discurso histórico. Por cierto, eso de ciencias auxiliares también daría para mucho. Siempre me ha parecido curioso…

En definitiva, siempre seremos aprendices, siempre habrá algo por estudiar y, parafraseando a Gladiator, si un día vais por la vida y no tenéis curiosidad, “no os preocupéis. Estaréis en el Elíseo, porque ya habréis muerto." Froome no termina de entender esta frase…

Un saludo a todos.