jueves, 4 de mayo de 2017

Reseña de Desperta Ferro Arqueología e Historia 12. Tarteso.

Por motivos académicos y laborales me ha sido imposible realizar algunas de las entradas que me hubieran apetecido hacer. Sin lugar a dudas una de ellas es realizar entradas sobre la fantástica revista Desperta Ferro Arqueología e Historia. Llevo un retraso considerable con respecto a anunciaros las estupendas publicaciones de esta revista. Prometo ponerme al día. 


Portada Desperta Ferro Arqueología e Historia Nº 12.

Entre los números que tengo que reseñar, como a todo el mundo, hay algunos que especialmente me son interesantes sobre el resto. Éste es el caso del número doce, dedicado por entero a Tarteso. Reconozco que antes de entrar en la carrera  no tenía idea ni de su propia existencia. Ya cursando la licenciatura, Tarteso se presentó como una época de enorme interés y campo de batalla historiográfico fascinante. Pocos datos, fuentes indirectas y restos arqueológicos en muchos casos descontextualizados hacían de su estudio un ejercicio de sumo interés no exento de dificultad. 

Desde que entré en contacto con Tarteso me di cuenta que no había que ir a Egipto o a Oriente para encontrar, como digo, campos de estudio de lo más excitante desde el punto de vista intelectual. Aficionado a la arqueología, a cuyos profesionales admiro sinceramente, creo que estamos siempre erre que erre con Egipto o Mesopotamia y dejamos de lado otros ámbitos de estudio como lo son los íberos o los tartesos. En definitiva, la historia de la vieja Iberia. Supongo, o presupongo, que esto tiene que ver con la enorme vistosidad de los restos arqueológicos egipcios o mesopotámicos por encima de los íberos o tartesos y la enorme difusión mediática que tienen los primeros sobre los segundos. Es obvio que nos falta, como siempre, difusión veraz y poderosa


El número 12 de Desperta Ferro Arqueología e Historia me ha dado la oportunidad, la excusa, de volver sobre Tarteso. Seamos claros, con el simple contenido de la revista apruebas un examen sobre esta cultura de calle. Y encima, como veremos, podremos plantear en el mismo todas las corrientes historiográficas que sobre ella han operado. 


El viaje comienza con el trabajo firmado por el catedrático de prehistoria Francisco Gracia-Alonso titulado Tarteso en las fuentes y los inicios de la arqueología tartesia donde el autor analiza todas las fuentes de la Antigüedad que hacen referencia a Tarteso, como la Ora Marítima de Avieno entre otros. Mención especial merece la identificación de la Tarsis bíblica que ha llevado a situar la mítica Tarsis en muchos puntos de Europa incluida, como no, nuestra Tarteso. De las fuentes a los primeros trabajos arqueológicos de Bonsor y Schulten, cuyo método de excavación está ampliamente superado, pero cuyas tesis siguen estando debatidas. Debo reconocer mi debilidad por Schulten y su búsqueda -a la manera de Schliemann- de la mítica Tarteso. Schulten llegó a vincular Tarteso con la Atlántida, tesis que hoy nadie sostiene, salvo algunos como Manuel Pimenten, que sigue creyendo que bajo el suelo de su adorada Andalucía nos espera una maravillosa civilización. El romanticismo está bien en muchos ámbitos, pero no en el académico.

El catedrático Mariano Torrers Ortiz nos presenta su trabajo Ritos funerarios y estructura social en Tartessos, donde realiza un ilustrativo recorrido por los métodos de enterramiento de los tartésicos desde los siglo X-IX a.C, al VI a.C. En el mismo constata cómo la igualitaria sociedad tartésica del Bronce Final, va evolucionando hacia modelos de corte aristocrático que diferencia sus tumbas del resto y con más ajuar. El colapso de esta cultura también se constata en los ajuares del siglo VI a.C, más pobres que sus antecesores.

El profesor Eduardo Ferrer Albelda firma el trabajo Fenicios en Tarteso. De la invisibilidad literaria a la evidencia arqueológica. En el mismo podemos ver cómo ha ido evolucionando el estudio de Tarteso, desde la búsqueda de la supuesta ciudad de Tarteso hasta los años 50, hasta la evolución de lo que Ferrer afirma que es la invención de la cultura tartésica entre los 70 y 80. La cuestión básica es calibrar la influencia de los fenicios en la cultura material de los tartesios, por lo que el autor analiza en su escrito la colonización fenicia de Tarteso y sus fases.

El profesor Eugenio R. Luján se adentra en su estudio en la escritura tartesia con su trabajo La lengua tartesia, donde concluye que a día de hoy la lengua sigue siendo un enigma dados los pocos restos que conservamos. Sebastián Celestino Pérez y Esther Rodríguez González (CSIC) firman el artículo Túmulos tartésicos. La arquitectura del poder, donde analizan los edificios más imponentes atribuidos a los tartésicos como Cancho Roano, Cerro Borreguero o Mata del Campanario ayudándose de unas ilustraciones que son una maravilla.

Sebastián Celestino Pérez repite con el trabajo Las estelas del oeste y el componente autóctono tarteso, otro tema muy controvertido sin duda. A día de hoy no sabemos realmente para qué servían las estelas -¿tumbas?, ¿marcas de rutas comerciales?, ¿marcas territoriales?- con una expansión geográfica que no se inscribe únicamente al ámbito tartesio, que aparecen en muchos casos descontextualizadas. Especialmente destacable la catalogación tipológica de las mismas acompañadas de ilustraciones por las que habría matado en la licenciatura. 

El arqueólogo Javier Jiménez Ávila nos presenta su trabajo Las cosas de Tartessos. Cultura material en la Iberia de los siglos VIII al VI, donde analiza la orfebrería, la broncística y la cerámica atribuida a los tartesios. Personalmente me ha interesado muchísimo su introducción, donde pone en muy serias dudas la existencia de una "cultura tartésica", coincidiendo con la postura de Ferrer Albelda, y dudando de manera muy fundamentada en atribuir Cancho Roano a una supuesta cultura tartésica . Extraigo una cita muy clarificadora al respecto;
La abrumadora multiplicación de estudios sobre Tarteso y la cultura tartésica, en los que los apriorismos que generaron su aparición se tienen por realidades firmemente asentadas, genera hoy en algunos críticos una sensación equiparable a la que pudiera experimentar un filósofo ateo obligado, inexorablemente, a realizar sus estudios en una biblioteca tomística.
Cierra el número el artículo Cuando acabó todo. Un final para el mundo tartésico, firmado por el catedrático José Luis Escanea Carrasco, donde nos vincula el colapso de los tartesios con la caída de  la metrópoli fenicia de Tiro en el 573 a.C., en manos del rey babilonio Nabucodonosor. Con ello se interrumpía el comercio entre el sur peninsular y la metrópoli, iniciándose con ello una inexorable decadencia. Dados los escasos restos arqueológicos de los tartesios, la vía para investigar el citado colapso es basarse en las fuentes orientales. 

Para acabar debo destacar la enorme calidad de todos los mapas que acompañan todos los artículos, sin olvidar el último, ofrecido por la agencia de viajes culturales Pausanias. Tampoco podemos dejar de destacar la sección de bibliografía ampliada que nos ofrece Desperta Ferro en su página. Todos sabemos que una buena bibliografía es oro. 

Esperemos disfrutéis el número.

Un saludo.

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