jueves, 20 de abril de 2017

Sherlock Holmes y el mundo criminal de su época

Lo que un hombre puede inventar, otro lo puede descubrir
Sherlock Holmes

Los asiduos a este blog saben ya, sin duda, que somos devotos del personaje creado por Arthur Conan Doyle, el genial detective Sherlock Holmes. Por otra parte, como cualquier otro personaje de ficción (si bien inspirado en un personaje real, el médico Joseph Bell) es hijo tanto de la mente de su autor como de la época en que este lo concibió. Si bien su figura ha viajado en el tiempo a través de distintas adaptaciones literarias o cinematográficas, no podríamos concebir la imagen clásica del detective sin desplazarnos mentalmente hasta el Londres victoriano.

No hace falta ser un fanático de las novelas para reconocer la icónica figura de Sherlock: alto, delgado, con una pipa entre sus labios, una lupa en una mano, una capa de Inverness de cuadros marrones y ese característico sombrero de cazador a juego; realmente, estas prendas ni siquiera se mencionan en las novelas y son fruto de la imaginación de un ilustrador, pero sin ellas le faltaría algo a la estampa. Algo así, realmente, como los cuernos en el casco vikingo.
Prácticamente cualquier persona sabría identificar a Sherlock Holmes en esta imagen, aunque no haya leído ninguna de sus aventuras (Basil Rathbone)
Sospecho que de presentarse con tal atuendo un día cualquiera en el centro de Londres habría llamado bastante la atención, especialmente por el gorro, y máxime cuando una de sus grandes habilidades es su maestría en el disfraz, usada en numerosas ocasiones para infiltrarse en el mundo del hampa victoriano. Mundo que se conocía a si mismo como "La Familia", nombre genérico con que se conoce a salteadores, carteristas, jugadores, ladrones de casas et hoc genus omne, conforme a un artículo del Tait’s Magazine de 1841.

Esta denominación nos lleva rápidamente a un nuevo esquema mental; el profesor James Moriarty, gran rival de Holmes y cerebro criminal principal del mundo delictivo descrito en los relatos, se materializa automáticamente como un Don Vito Corleone avant la lettre, más que como el Napoleón del crimen, en denominación de su gran rival. Tal como describe Holmes en El problema final:
«...sus agentes son numerosos y espléndidamente organizados. Digamos que si hay un crimen que cometer, un papel que robar, una casa que debe ser registrada, un hombre que debe desaparecer... se hace llegar la voz al Profesor, se planea el asunto y se lleva a cabo. Si cogen al agente que ha cometido el delito, se consigue dinero para su fianza o para un abogado, pero nunca se coge a la figura central que emplea a ese agente, no tanto como se sospecha de ella.»
¿Qué fuerzas, y qué composición mantenía "La Familia" a la que se enfrentaban Holmes y su fiel Watson?
El profesor Moriarty en su versión de animación ochentera (Sufridores en casa)
El primer paso es entender las grandes desigualdades sociales de aquella época, que se reflejaba en el paisaje urbano. Los delincuentes, en gran parte especializados de alguna manera, vivían en las llamadas rookeries, como la de St. Giles (llamada Holy Land), Devil's Acre o Dorset Street, considerado el peor vecindario de Londres. Posiblemente nuestro añorado Terry Pratchett se basara en estas zonas para idear "Las Sombras" de la ciudad de Ankh-Morpork.

Dentro de las figuras especializadas que citamos se pueden encontrar algunas realmente curiosas; especializados en asaltos a domicilios o similares estaban los reventadores de cajas fuertes, cerrajeros, cacos (especializados en colarse en casas y salir rápidamente con el botín) o los roncadores (que robaban a sus víctimas en hoteles mientras roncaban, haciéndose pasar por clientes respetables).

También a puerta cerrada actuaban los falsificadores: documentos, moneda, referencias, testimonios, engarces de joyas, etc. Cualquier cosa era susceptible de ser falsificada con los medios adecuados; existían incluso talleres abastecidos con moldes, prensas, instrumentos de grabado y aparatos de galvanoplastia.

Pero en plena calle tampoco faltaban los peligros: carteristas, pandilleros, descuideros, salteadores o tironeros hacían su agosto, en ocasiones recurriendo a las amenazas o a asfixiar a sus víctimas hasta el desmayo. Cualquier multitud, incluyendo metros, tranvías y omnibuses, podía ser su hábitat.
Ilustración de un asalto en el Londres victoriano (Alfa Image)
Por si había poco, había que sumar, claro, timadores (que usaban técnicas como hacer creer que habían encontrado un anillo de oro que vendían por sólo cinco shillings, o emplear niños que lloraban por una jarra de leche derramada, para quienes los blandos de corazón eran presa fácil), tahúres, fulleros y petardistas. Incluso mendigar se convirtió también en un arte complejo e histriónico.

Y claro, no podían faltar las prostitutas: 80.000 había a mediados de siglo en Londres; la red de madames, cuidadores y chulos se complementaba con la de carteristas y despellejadores (literalmente arrancaban la ropa del cuerpo a sus víctimas) que las acompañaban, al igual que los "palmeros", desvalijadores de tiendas, a menudo mujeres.

Como ven, todo un ecosistema del hampa que, según Holmes, estaba a disposición de su archirrival Moriarty. Por supuesto, con su propio lenguaje (en castellano, germanía, del catalán "hermandad", término llamativo por su cercanía a "La Familia" citada). ¿Son ustedes capaces de entender este texto? Lo cita Havelock Ellis en su libro The Criminal, publicado en 1890:
«Iba de garbeo por una calleja de Whitechapel, cuando me cosqué un merlino con un peluco legal. Le choriceé el peluco, que sí era legal, pero me jipió un pasma que me trincó y me echó al tribuna, que me echó seis meses en el Acero. Cuando me largaron intenté dar otro apaño junto a St. Paul, pero me pillaron y me cayeron siete años en el trullo
Unas figuras fundamentales para deshacerse del cuerpo del delito eran los peristas: el más famoso de ellos fue Ikey Solomons, que habitaba una casa llena de trampas y habitaciones secretas, y sirvió a Dickens como inspiración para el Fagin de Oliver Twist. El día que finalmente la policía lo arrestó tuvieron que hacer 3 viajes para vaciar su casa de todo el botín.

Evidentemente, con este nivel en el oficio, hubo golpes sonados; uno de ellos fue el  robo al tren de 1855 (el "Gran Oro"), cuando se robaron 12.000 libras en oro y monedas. Gran paralelismo con el histórico robo de 1963, por otra parte. Los conspiradores Pierce, Agar y Tester pasaron un año preparando el golpe, durante el cual cambiaron las bolsas con el botín por otras con plomo. Les acabaron cogiendo debido a que la amante de Agar les delató, sospechando que no iban a darle su parte.
Holmes y Watson en una de sus modernas variantes para la televisión (PBS)
En resumen, que desde luego al sin par Holmes y su compañero Watson no les faltaba el trabajo en semejante mundo. Sin duda Arthur Conan Doyle estaba al tanto de las noticias como fuente de inspiración para sus obras, y, como ya sabemos, la realidad a menudo supera a la ficción.

Fuentes:
  • VVAA (1992); Las nuevas aventuras de Sherlock Holmes, Valdemar

1 comentario :

  1. Me encanta! Es un personaje estupendo literariamente hablando y como bien dices, el autor debía ser un asiduo a la prenda diaria para sacar información para sus novelas. De este personaje se han hecho series (animadas, por ejemplo, quien no recuerda los dibujos animados de nuestra infancia) o series actuales; o películas bastante famosas con actores de renombre.
    Me ha gustado mucho la entrada; muestra de forma resumida cómo era la "gente de la calle" de la época y cómo estaba el patio, policialmente hablando.
    Gracias por Ilustrarnos, Juan ;)

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